El pasado  7 de Junio se hizo oficial la compra del Banco Popular por parte del Banco Santander por la cifra simbólica de un euro, una vez que el BCE  certificara la total inviabilidad del Popular,  pero ¿Cuál es el origen de esta crisis que ha dejado a sus accionistas con toda su inversión convertida en nada?

  El Banco Santander ha adquirido el Banco Popular por un solo euro, salvando a este último de la quiebra, y viéndose obligado a realizar una ampliación de capital por la  nada despreciable cifra de 7.000 millones de euros,  para poder  cubrir tanto capital como provisiones. Los grandes perjudicados han sido sin duda  los accionistas de la entidad comprada,  que han perdido la totalidad de su dinero,  al aplicar  la Junta Única de Resolución Europea, el procedimiento de resolución  bancaria previo a la venta. Más tranquilos pueden respirar los depositarios que tienen plenamente  garantizado el dinero que poseen en la entidad. Queda abierta la duda sobre los trabajadores,  aunque en principio a todos los empleados se les ha garantizado  sus actuales puestos de trabajo, las  experiencias vividas en el sector bancario en anteriores fusiones o compras, nos hacen ver con inquietud este aspecto de cara al futuro  ¿Realmente tendrán garantizados todos los empleados sus puestos de trabajo o habrán bajas forzadas camufladas  bajo variados argumentos?

  La principal causa aunque no la única de esta tremenda crisis,  se puede encontrar en el peso inasumible de los activos inmobiliarios tóxicos que se  venía acumulando el Banco Popular  desde el ya tristemente  famoso “estallido de la burbuja” en 2008. De todos modos ya en 2006 la entidad dio síntomas de debilidad al anunciar de manera totalmente imprevista una ampliación de capital de 2.500 millones de euros con la que intentó ganar musculo financiero y mejorar su solvencia y su rentabilidad de cara  a sus accionistas y al mercado financiero. Esta ampliación iba acompañada del firme  propósito de deshacerse de una gran cantidad de activos improductivos, objetivo que no se cumplió,  ya que aunque una gran mayoría de accionistas acudieron a la operación, en un breve  espacio de tiempo acumularon fuertes pérdidas y las acciones sufrieron una fuerte e imparable depreciación que con altibajos  no ha cesado hasta la actualidad.

  La explosión virulenta de la crisis del Popular nos deja la duda de si la crisis bancaria ha finalizado de manera definitiva en España o todavía nos tiene reservada alguna sorpresa desagradable más. Queda también en tela de juicio la función del Banco de España como entidad encargada de la supervisión del mercado financiero español, incapaz hasta la fecha de haber detectado problemas financieros muy graves en diversas entidades bancarias, con nefastas consecuencias para la economía de nuestro país.

  Una vez realizada la compra, el Banco de Santander se convierte en líder absoluto en créditos y depósitos en España,  con una cifra record de 17 millones de clientes,  cosechando  grandes cuotas en el mercado de crédito y entre las pymes. Fuera de las grandes cifras profundizando un poco más,  nos queda la incógnita abierta sobre qué beneficios fiscales obtendrá el Santander con esta operación, aspecto sobre el que poco o nada se ha informado. Solo cabe esperar que no se produzcan más compras de este tipo y que los ajustes de mercado que se tengan que producir en el futuro tengan lugar de manera menos dramática para tantos  inversores.

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